Una carrera gravel rara vez se gana en el primer avituallamiento, pero sí puede complicarse mucho por llegar tarde al segundo. Este ejemplo de estrategia de avituallamientos gravel parte de una idea sencilla: comer y beber antes de sentir hambre, sed o el bajón de energía. La distancia importa, claro, pero el desnivel, el calor, la duración real y la dificultad técnica mandan más que los kilómetros que figuran en el dorsal.
En gravel, además, el plan no puede depender por completo de los puntos de asistencia de la organización. Una pista lenta, un tramo de barro o una avería menor pueden convertir una previsión de cinco horas en siete. La estrategia adecuada combina lo que llevas encima, lo que repones en cada control y un margen razonable para los imprevistos.
Cómo construir una estrategia de avituallamientos gravel
El objetivo es llegar con energía utilizable al final, no sobrevivir a base de geles durante la última hora. Para la mayoría de pruebas de resistencia, una referencia práctica está entre 60 y 90 gramos de hidratos de carbono por hora. Quien empieza en carreras largas puede situarse cerca de 50 o 60 gramos; quien ya ha entrenado el estómago y compite con intensidad puede acercarse a 90 gramos o incluso superarlos de forma puntual.
No hace falta que toda esa energía venga del mismo producto. De hecho, alternar bebida con carbohidratos, geles, barritas, gominolas y comida real suele hacer el plan más llevadero. El sabor dulce constante acaba pasando factura, especialmente en pruebas de muchas horas y con temperaturas elevadas. Un pequeño bocadillo salado, patata cocida o arroz puede ser muy agradecido si encaja con lo que toleras.
La hidratación tampoco admite una cifra universal. En condiciones frescas, muchos ciclistas funcionan bien con 400 a 600 mililitros por hora. Con calor, exposición al sol o ascensos lentos, la necesidad puede subir a 750 mililitros o más. La clave es mirar la previsión, conocer tu tasa de sudoración y no olvidar el sodio. Si sudas mucho o ves marcas blancas de sal en la ropa, conviene que una parte de la bebida incluya electrolitos.
Empieza por el tiempo, no por el avituallamiento
Consulta el perfil y divide la prueba en bloques por duración estimada, no solo por kilómetros. Un tramo de 25 kilómetros de pista rápida puede durar una hora, mientras que otros 25 kilómetros con rampas, piedras o barro pueden llevar dos horas largas. En cada bloque debes saber tres cosas: cuántos hidratos necesitas, cuánto líquido te cabe en la bicicleta y qué punto de asistencia tienes después.
También conviene identificar los sectores donde resulta incómodo comer. Un descenso roto, una zona de sendero estrecho o un puerto técnico no son buenos momentos para abrir un envoltorio. Come unos minutos antes de entrar en esos tramos. Es una decisión pequeña que evita dejar pasar media hora sin energía porque no había una mano libre para buscar un gel.
Ejemplo de estrategia para una gravel de 120 km
Imagina una carrera de 120 kilómetros, 1.800 metros de desnivel positivo y una duración prevista de seis horas. Hay tres avituallamientos, en los kilómetros 35, 72 y 98. La salida es fresca, a 12 grados, pero la temperatura puede alcanzar 24 grados al mediodía. El recorrido tiene una subida larga entre los kilómetros 45 y 60 y un sector técnico después del último control.
Para este caso, planteamos un objetivo medio de 70 gramos de hidratos por hora. En seis horas son 420 gramos en total. Puede parecer una cifra alta, pero incluye tanto la bebida energética como la comida sólida y los geles. La estrategia no requiere cargar los 420 gramos desde la salida: se distribuye entre los bolsillos, el cuadro y los avituallamientos.
Antes de empezar, desayuna con tiempo y elige alimentos conocidos. Entre dos y tres horas antes, un desayuno rico en hidratos, bajo en fibra y grasa, suele dar buen resultado. Unos 15 minutos antes de la salida, una pequeña dosis de 20 a 25 gramos de hidratos puede ayudar a arrancar sin esperar a la primera sensación de hambre.
Durante los primeros 35 kilómetros, lleva dos bidones: uno con bebida de carbohidratos y sales, y otro con agua o una bebida más suave según tus preferencias. Añade dos barritas fáciles de masticar, dos geles y una opción salada pequeña. El propósito no es vaciarlo todo antes del primer control, sino consumir unos 70 gramos por hora y llegar con una reserva mínima por si ese avituallamiento está más concurrido de lo esperado.
En una salida de ritmo estable, puedes tomar media barrita a los 20 minutos, beber de forma regular cada pocos minutos y consumir un gel hacia los 50 o 60 minutos. A la hora y media, otra porción sólida o unas gominolas completan el bloque. Si esperas a tener hambre, probablemente ya vas tarde para mantener el ritmo en la siguiente subida.
Primer avituallamiento: rápido y con intención
En el kilómetro 35 no necesitas hacer una parada larga si has salido bien alimentado. Rellena los dos bidones, guarda dos o tres geles, repón una barrita y toma algo salado si te apetece. Si la organización ofrece fruta, caldo o alimentos preparados, úsalos solo si son opciones que ya conoces o que resultan muy sencillas para tu estómago.
La siguiente sección incluye la subida principal. Por eso, conviene salir del avituallamiento con un gel accesible, no enterrado en una bolsa. Tómalo cinco o diez minutos antes de que la pendiente se endurezca. En ascensos largos el pulso sube, cuesta más masticar y es fácil olvidarse de beber. Un producto líquido o semilíquido suele ser más práctico que una barrita seca.
Entre los kilómetros 35 y 72, el objetivo sigue siendo 70 gramos por hora, aunque la intensidad de la subida puede justificar acercarse a 80 gramos si lo has entrenado. No intentes compensar un olvido tomando tres geles de golpe en la cima. Divide las tomas y acompaña los productos concentrados con agua.
Segundo avituallamiento: el punto decisivo
Al llegar al kilómetro 72 ya habrás pasado más de la mitad del día. Aquí es donde una estrategia de avituallamientos gravel bien preparada marca diferencias. Rellena líquidos, comprueba cuánto queda hasta el siguiente punto y come algo más consistente si tu cuerpo lo pide. Un trozo de sándwich, arroz o plátano puede romper la monotonía de los geles.
Este es también un buen momento para revisar el calor. Si la temperatura ha subido más de lo previsto, aumenta la cantidad de líquido y sales, aunque eso implique llevar un bidón extra si la bicicleta y el recorrido lo permiten. Beber solo agua durante muchas horas, especialmente con sudor abundante, puede dejarte con sensación de hinchazón y poca energía.
En este control, guarda comida para al menos 90 minutos aunque el siguiente avituallamiento parezca cercano. Un pinchazo, una cola para repostar o una pista que se hace más lenta de lo esperado pueden alargar mucho el tramo. En gravel, el margen de seguridad pesa menos que una retirada por vacío energético.
Últimos kilómetros: protege la concentración
El tercer avituallamiento está en el kilómetro 98, con un sector técnico aún por delante. No conviene llegar aquí exhausto y tratar de arreglarlo con cafeína y azúcar. Si has comido de manera regular, una dosis de cafeína en este punto puede ayudarte a mantener la atención, siempre que la toleres bien y no te provoque molestias digestivas.
Carga un bidón suficiente para el tiempo restante, un par de geles y una comida de emergencia. En los últimos 60 a 90 minutos, deja los productos fáciles de abrir en un bolsillo exterior. La fatiga reduce la coordinación y la capacidad de decidir: cuanto menos tengas que buscar, más probable será que cumplas el plan.
No confundas el deseo de terminar rápido con dejar de beber. En un tramo final intenso, seguir tomando pequeños sorbos y 20 o 30 gramos de hidratos cada media hora ayuda a conservar potencia y lucidez. También reduce el riesgo de cometer errores de trazada cuando las manos, la espalda y la cabeza ya están cansadas.
Qué cambiar según tu carrera y tu cuerpo
Este ejemplo no sustituye la experiencia personal. Si tu prueba dura cuatro horas, tiene avituallamientos cada 25 kilómetros y se disputa con frío, puedes salir con menos carga y priorizar alimentos sólidos. Si son ocho horas sin asistencia fiable, calor y puertos lentos, necesitarás más capacidad de líquido, más sales y una reserva energética más generosa.
Entrena la estrategia en las salidas largas. Prueba las cantidades, los sabores, la cafeína y la posición de cada alimento en la bicicleta. No estrenes una bebida muy concentrada ni un bocadillo pesado el día de una carrera. El estómago también se prepara, y hacerlo con antelación evita convertir el avituallamiento en una ruleta.
Por último, adapta el ritmo al plan. Atacar una subida por encima de tus posibilidades puede disparar el consumo energético y hacer que toda la nutrición prevista se quede corta. En gravel, llegar fuerte a la última parte suele valer más que ganar unos minutos antes del ecuador. Prepara lo que vas a ingerir, marca recordatorios si los necesitas y deja que cada avituallamiento sea una oportunidad para seguir disfrutando de la carrera, no una parada para reparar un problema que ya venía de lejos.
Próximas pruebas
- 13NOV HueX Gravel Cartaya · Huelva 117/500 km
- 21NOV Epic Desert Race Gravek Marrakech · Marruecos 120/80 km
- 7DIC Karukinka Gravel Race Cameron · Chile 440 km
- 24ENE Granguanche Audax Gravel Lanzarote · Las Palmas 700 km

